A los buenos y buenas periodistas, no les queda de otra que resistir, adaptarse a la tecnología y fortalecerse en su lucha por mantener la éticaPor Israel Rodríguez Sánchez | Editor Buró de Noticias Hoy, conmemoramos el Día Nacional del Periodista. La Asociación de Periodistas de Puerto Rico (Asppro) escogió esta fecha en honor a César Andreu Iglesias, periodista, novelista y luchador por la justicia social. Su vida fue testimonio de un oficio ejercido con compromiso político, mirada crítica y sensibilidad hacia los sectores marginados. Ese legado, tan vigente como necesario, nos sigue interpelando. Antes y ahora, el periodismo enfrenta grandes retos: la proliferación de la desinformación y la consecuente pérdida de credibilidad; obstáculos al acceso a la información pública; condiciones precarias de trabajo y reducción de plazas; migración del talento; y una transformación digital que, lejos de estabilizarse, exige adaptaciones constantes a nuevas plataformas y tecnologías como la inteligencia artificial. Todos estos factores ponen a prueba el rigor, la ética y la profundidad que exige la práctica periodística. A los buenos y buenas periodistas, no les queda de otra que resistir, adaptarse a la tecnología y fortalecerse en su lucha por mantener la ética y el hambre de llevar información fiable al país. El periodismo es uno de los pilares de la justicia, de la democracia y de la transparencia. Es el perro guardián del poder, ya sea político, económico o institucional. Estamos llamados a investigar y denunciar la corrupción, los abusos contra los sectores marginados y a proveer información fidedigna para contribuir al bienestar colectivo. Pero también debemos preguntarnos: ¿para quién contamos historias? ¿A quiénes estamos escuchando y visibilizando? En un país marcado por la desigualdad, la migración forzada, la violencia de género, la exclusión racial y la precariedad, se vuelve urgente apostar por un periodismo más inclusivo, más atento a las experiencias de quienes enfrentan mayores desventajas sociales y más consciente de su responsabilidad pública. En Puerto Rico, esa mirada implica visibilizar, por ejemplo, las condiciones que enfrentan comunidades migrantes como la dominicana, que han sido históricamente criminalizadas por sectores políticos y mediáticos. Aunque se han dado pasos importantes en la lucha por su reconocimiento y derechos, todavía persisten narrativas estigmatizantes y vacíos en la cobertura que debemos atender desde el periodismo. También, implica prestar atención a la comunidad trans, duramente golpeada por la violencia estructural, por discursos de odio y por políticas que buscan limitar sus derechos, justo cuando el panorama político internacional, marcado por el avance del conservadurismo y el regreso de figuras racistas, xenofóbicas y homofóbicas como Donald Trump, impone nuevas amenazas. A ese escenario, se suman los gobiernos incompetentes, corruptos y cobardes ante las políticas fascistas de Estados Unidos en Puerto Rico. Esta reflexión se nutre también de mi participación reciente en el Festival Gabo 2025, celebrado en Bogotá, donde periodistas de toda América Latina compartieron experiencias de resistencia, creación y búsqueda. En esos intercambios, reafirmé la necesidad de repensar nuestras prácticas desde un lugar ético y afectivo, que nos permita construir un periodismo verdaderamente comprometido con las personas y comunidades a quienes, muchas veces, el poder prefiere ignorar en sus múltiples expresiones. Desde las aulas, quienes enseñamos periodismo también tenemos una responsabilidad. Podemos aprovechar el interés genuino de las nuevas generaciones por los temas de justicia social, diversidad y equidad para cultivar una sensibilidad que no se quede solo en el discurso, sino que se traduzca en prácticas periodísticas más humanas, rigurosas y transformadoras. Ante tantos desafíos contra el periodismo riguroso y ético, propongo que incluyamos en nuestra agenda la promoción del periodismo independiente y colaborativo; la diversificación de los modelos de financiamiento mediante donativos, subvenciones y modelos cooperativos; el fortalecimiento de la capacitación continua para las personas egresadas de nuestros programas; y la reconexión con las comunidades, una fuente inagotable de conocimiento y de sentido. No basta con narrar los hechos. Tenemos la responsabilidad de contextualizarlos, de indagar en sus causas, de prestar atención a quienes han sido históricamente silenciados y de asumir con valentía las tensiones que implica hacer periodismo en un país atravesado por múltiples formas de exclusión. Persiste la pregunta esencial: ¿para quién contamos historias? Pero no nos decepcionemos. En tiempos difíciles, el periodismo sigue siendo imprescindible. Pero no cualquier periodismo. Necesitamos uno con vocación democrática, con compromiso social y con la valentía necesaria para mirar de frente y decir lo que debe ser dicho, aunque incomode. Celebremos este Día del Periodista con conciencia de lo que hemos logrado, pero también de lo que aún nos falta. Contar historias con la valentía que exigen estos tiempos es también un acto de resistencia. Los comentarios están cerrados.
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